Sevilla se descubre ante todo por los sentidos: el perfume de los azahares que impregna las calles en marzo, el repiqueteo de los tacones sobre el empedrado de una callejuela de Santa Cruz, la luz dorada que se posa sobre los azulejos al atardecer. Capital de Andalucía, la ciudad concentra ocho siglos de historia musulmana y cristiana en un centro histórico que se recorre enteramente a pie.
El Alcazar, palacio vivo de los reyes de Castilla
A diferencia de la Alhambra de Granada, fijada en su estatus de monumento, el Real Alcázar de Sevilla sigue siendo una residencia real oficial, todavía utilizada por la familia real española durante sus estancias en la ciudad. Construido por artesanos mudéjares para reyes cristianos, el palacio superpone estilos con una elegancia poco común: arcos polilobulados, techos artesonados dorados, y jardines escalonados donde las fuentes marcan el ritmo del paseo. Reservar el horario con antelación sigue siendo imprescindible, ya que la afluencia nunca decae realmente.
Santa Cruz, el laberinto del antiguo barrio judío
A dos pasos de la catedral, el antiguo barrio judío de Santa Cruz despliega un entramado de callejuelas encaladas, patios floridos y plazoletas sombreadas. Aquí Sevilla se muestra en su versión más fotogénica, pero también más viva fuera de las horas punta turísticas: a primera hora de la mañana o al final de la tarde, los vecinos recuperan las terrazas y los bancos a la sombra de los naranjos.
Triana y el alma del flamenco
Al otro lado del Guadalquivir, el barrio de Triana ha visto nacer a numerosos grandes nombres del flamenco y de la cerámica andaluza. Lejos de los espectáculos calibrados para turistas del centro, algunos tablaos más discretos siguen ofreciendo veladas donde el cante jondo, el canto flamenco más profundo, se interpreta con una intensidad poco común. El mercado cubierto de Triana, reconstruido sobre los vestigios de un antiguo castillo, completa la visita con una parada gastronómica.
La Plaza de España, decorado y puesta en escena
Concebida para la Exposición Iberoamericana de 1929, la Plaza de España impresiona por su amplitud: un hemiciclo de ladrillo y cerámica bordeado por un canal, donde cada provincia española está representada por una hornacina decorada con azulejos. El lugar se presta a un paseo tranquilo a primera hora de la mañana, antes de la llegada de los grupos.
Dónde dormir en Sevilla
El barrio de Santa Cruz ofrece el marco más encantador para una estancia, a distancia a pie del Alcazar y de la catedral. Para una estancia más tranquila, las direcciones del lado de Triana permiten vivir una Sevilla más local, a pocos minutos a pie del centro histórico.
Cuándo viajar
El mes de marzo marca uno de los mejores momentos para visitar Sevilla: las temperaturas se mantienen suaves, los naranjos florecen por toda la ciudad, y la afluencia aún no ha alcanzado su pico de la Semana Santa y la Feria de abril.
