Existe un Mediterráneo que la temporada alta nunca muestra. Pasada la efervescencia del verano, las terrazas recuperan a sus habituales, la luz se vuelve más rasante, y las calas, los paseos y los puertos antiguos vuelven a ser el escenario de una vida local auténtica. Es este Mediterráneo —más lento, más luminoso, más verdadero— el que hemos elegido contar. Niza, Marsella y la Riviera: otros tantos rostros mediterráneos por redescubrir lejos de la agitación estival, para un viaje más íntimo y a menudo más suave, también para su presupuesto.